Un llamado a la paz social

Publicado: 2012-11-15

La sociedad democrática se caracteriza por el respeto y la protección de los derechos fundamentales de las personas. Entre esos derechos, sin el cual la democracia se debilitaría hasta morir, se encuentra la libertad de expresar opiniones y posiciones políticas y manifestarse a su favor, sobre todo si hay decisiones pendientes que pueden afectar la vida individual y el futuro de la colectividad.

El espacio público no es solo un lugar de tránsito; es, por antonomasia, la esfera en que se escenifican voluntades políticas y como tal requiere de la protección del Estado y la ciudadanía.

Todo ejercicio de derechos tiene condiciones y limitaciones; por ejemplo, respetar el derecho de otras personas. El Estado tiene la obligación ineludible y la función inherente de encontrar el equilibrio entre los derechos de unos y otros, a la vez que debe crear las condiciones propicias para que la práctica de los derechos de unos pueda llevarse a cabo sin lesionar el ejercicio de los derechos de otros. Sin duda, es una tarea difícil, pero no imposible, que requiere sabiduría, ponderación y razonabilidad.

La sociedad costarricense actual es resultado de la participación política de sus habitantes a lo largo de la historia, quienes han forjado el modelo de una sociedad orientada en valores de justicia y solidaridad, al servicio de una mejor distribución de la riqueza y un aumento del bienestar social.

Diferentes fuentes indican que mucho de eso ha cambiado: vivimos en una Costa Rica cada vez más desigual, se debilita el apoyo de la ciudadanía al Estado y sus actores políticos, y las instituciones públicas, resultado de un acuerdo social forjado por varias generaciones y orgullo de la nación, se erosionan.

Muchos sectores de la sociedad costarricense, ahora más diversa, informada y plural que nunca antes, ven con preocupación esos cambios y se oponen a un modelo de sociedad que, en su apertura hacia el futuro, no sepa preservar lo bueno del pasado. He allí una inquietud legítima que no debe ser desacreditada, sino, por el contrario, ser objeto de profundo análisis y decidida consideración.

Es más fácil recurrir a la violencia que transitar laboriosamente por el camino de la paz. Es por ello que, en circunstancias en las que discutimos sobre lo que queremos o no queremos para nuestra patria, nuestros hijos y nietos, debemos hacer mayores esfuerzos por tutelar las posibilidades del diálogo y la negociación.

Dr. Henning Jensen Pennington
Rector, Universidad de Costa Rica
henning.jensen@ucr.ac.cr

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